Vida, muerte, ¿Arte?

(Este post fue publicado originalmente el 25 de abril de 2008)

Estos días se oye mucho hablar de la polémica exposición que pretende hacer realidad Gregor Schneider. Este “artista” alemán está buscando un moribundo que se preste voluntario para ser el protagonista de una performance, que consiste en agonizar y morir a los ojos de todos dentro de un museo. Parece que el mayor problema que tiene es encontrar el museo que permita exponer su “obra”.

Yo ni mucho menos soy un entendido en arte, pero esta performance no creo que lo sea, y si alguien tiene el morbo de ver moribundos, que se vaya a las unidades de cuidados paliativos, igual cuando tenga algún familiar en esa situación no le da tanto morbo.

No es esta la primera vez que el arte, la vida y la muerte se mezclan para cruzar la línea que separa lo ético de lo que no lo es. Por todos es conocida la exposición de Roy Glober, “Bodies – The exhibition”. Glober es profesor emérito de Anatomía y Biología celular en la Universidad de Michigan, EEUU, y su exposición muestra cadáveres diseccionados en diferentes capas, conservados por la técnica del polímero, que plastifica todos los tejidos humanos. Él, mientras, defiende que su exposición tiene fines educativos y pretende mostrar el interior del cuerpo humano.

Otra exposición polémica es la de Walter Schels, un artista alemán, que pese a tener horror a la muerte, decidió hacer una exposición con retratos de personas antes y después de morir. “Life Before Death” es una colección de 24 fotografías entre las que podemos encontrar desde un bebé de año y medio hasta un anciano de 83. Fotografías un tanto macabras, al menos actualmente, porque a finales del siglo XIX fotografiar a los familiares muertos era lo más natural, y un ejemplo lo tenemos en la película “Los Otros”.

En otras épocas la muerte se ha utilizado como arte, y no me refiero a la muerte tratada en el arte, pues ha sido un tema constante desde las pinturas rupestres hasta hoy. Me refiero al uso de los muertos como arte.

En la ciudad de Hallstatt, en Austria, existe un osario muy particular el “Beinhaus” o “Casa de los Huesos”. Al parecer en el siglo XVI, el cementerio de la localidad estaba a rebosar y decidieron que los muertos estarían enterrados 12 años, después serían exhumados y los huesos colocados al sol para que se blanqueasen. Más tarde las calaveras serían decoradas con el nombre del muerto y colocadas en el osario. Aunque parezca mentira, la última calavera depositada en el osario es de 1997…

Pero para decoración macabra la de la capilla de Sedlec, en la ciudad de Kutna Hora, República Checa. Esta capilla está decorada con los huesos de 40.000 personas, ni más ni menos.

Todo esto me recuerda a mi infancia. En mi pueblo cuando algún profesor de la escuela enfermaba, desde el Ministerio de Educación enviaban a los dos días un sustituto/a. El profesor/a suplente pedía que hiciésemos de guías por el pueblo, mostrando los rincones y monumentos más importantes. Entre estos destacaba, como en casi todos los pueblos, la iglesia. Enseñábamos los retablos, el campanario, la sacristía y para el final reservábamos lo mejor: Uno de nosotros entraba en la escalera de acceso a la bóveda, cogía la calavera de un sacerdote, cuyos huesos habían ido a parar allí y la mostraba sin más al profesor/a, de tal manera que en más de una ocasión salía horrorizado/a de la iglesia, entre las risas y burlas de nosotros, sus alumnos.

Al día siguiente deberes para casa…

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