Un embajador de nuestra cultura en Tokio ( Parte I)

(Este post fue originalmente publicado el 26 de abril de 2011)

Manuel Pérez es extremeño, concretamente de Badajoz. En cuanto tiene unos días regresa sin falta a su tierra, para descansar acompañado de familia y amigos. Cada vez que se pone en marcha tarda nada más y nada menos que 34 horas. Es que Japón está muy lejos…

Manuel en la actualidad es jefe de biblioteca del Instituto Cervantes de Tokio, donde lleva trabajando desde finales de 2010, aunque tiene un largo y brillante currículum.

Pregunta: Hola Manuel, has participado en la puesta en funcionamiento de importantes bibliotecas como las dos centrales de la Universidad de Extremadura en Cáceres y Badajoz y después las del Instituto Cervantes en Manila, París y Tokio. ¿Qué es lo que más te ha costado hacer?

Respuesta: Llegó un momento en que bromeaba diciendo que me había convertido en todo un experto en montar bibliotecas porque en unos años concentré un buen número de bibliotecas que montar. En la Universidad de Extremadura estuvimos trabajando muchas personas para que lo que íbamos a abrir se pareciera a dos bibliotecas centrales. En algunos momentos fue agotador. La experiencia con la puesta en marcha de las bibliotecas del Cervantes es más suave porque hay un equipo en Madrid que adelanta mucho los trabajos y tú lo que tienes que hacer es distribuir colecciones, alimentar el catálogo, poner en marcha los servicios, etc. para poder abrir con un mínimo de eficacia.

P: Según tengo entendido, algunos cargos del Instituto Cervantes cada cinco años tenéis que cambiar de destino. ¿Cuál será la siguiente parada?

R: Todavía no lo he pensado ni mucho menos. Ten en cuenta que llevo en Tokio ocho meses y en total son cinco años. A ver si primero me asiento un poco aquí porque, además, con todos los problemas que estamos teniendo, todavía siento un poco la sensación de recién llegado.

P: Con la crisis económica hay muchos españoles, sobre todo jóvenes, que se plantean seriamente probar suerte en el extranjero para encontrar trabajo. ¿Cuál es el mejor consejo que les puedes dar?

R: No me gusta mucho dar consejos, prefiero comentar experiencias y cada cual que saque lo que le pueda ayudar de la experiencia de los demás. Tengo un compañero que me dice que quién había dicho que el trabajo de bibliotecario no puede tener su parte de aventura. Y es verdad, ser bibliotecario es, entre otras cosas, ser un poco aventurero. Pero para trabajar en el extranjero lo primero que hay que tener es ganas de salir de la comodidad que supone estar en tu ciudad, cerca de tu familia, de tus amistades, etc. Y, después, proponértelo firmemente. Si te gusta, seguro que lo consigues. Y puede resultar muy gratificante.

P: Hace tiempo me surgió la oportunidad de hacer un viaje a Filipinas, pero me eché para atrás después de mirar las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores. Se advertía un alto riesgo de secuestros y posibilidad de atentados terroristas en ciertas provincias. Tu has vivido casi seis años en Filipinas y conoces perfectamente el país ¿Qué hay de cierto en estas advertencias y recomendaciones?

R: Lo de los secuestros y atentados, que yo sepa, se da fundamentalmente en algunas provincias del sur. Pero en Manila y otras muchas partes de Filipinas que he visitado, no he sentido sensación de inseguridad. Hay que ser prudente y no meterte en donde no te llaman, pero también hay que serlo en España.

P: El día 23 de abril se celebró el día Internacional del Libro. Teníais programada la lectura del libro Viejas historias de Castilla La Vieja de Miguel Delibes (Muy recomendable) ¿Qué otras actividades habéis celebrado?

R: Realizamos una lectura de doce relatos, fragmentos de textos y poemas de autores españoles e hispanoamericanos. Una actividad que llamamos Excursión a la literatura que es un paseo por entre las estanterías de la biblioteca durante el cual los excursionistas van comentado sus autores y títulos favoritos, sus gustos literarios, etc. Y también hicimos una sesión de cuentacuentos para los más pequeños. ¡Ah! Y regalamos una rosa a todos aquellos que sacaron materiales en préstamo.

P: Los efectos devastadores del terremoto y posterior tsunami en Japón los hemos podido ver casi en tiempo real por televisión e Internet. ¿Qué se vive en esos momentos y en los días posteriores? ¿Las bibliotecas japonesas están equipadas con estanterías especiales a prueba de terremotos?

R: Pues en esos momentos te pones bastante nervioso. Y el nerviosismo dura varias horas. La verdad es que no dormí prácticamente hasta el día siguiente. Tampoco me apetecía comer. Imagino que lo normal es que en los días siguientes recuperes poco a poco la normalidad, pero el problema aquí ha sido que a las 48 horas empezó la alerta nuclear y la tensión nerviosa se disparó. Tres días después del terremoto intentamos reanudar con cierta normalidad la actividad, pero no fue posible porque, entre otras cosas, el transporte no funcionaba regularmente y los estudiantes y usuarios tenían problemas para venir el centro. Decidimos cerrar una semana y yo me fui a Manila a desconectar de la presión psicológica que estaba sufriendo desde la gente que me quiere.

Las bibliotecas japonesas están equipadas para que no se caigan las estanterías, pero los libros se caen. El día siguiente del terremoto, que era sábado, estuvimos tres personas cuatro horas recolocando libros. Hay un enlace en el que, con cierto humor, los bibliotecarios japoneses pusieron fotos de la situación sus bibliotecas después del terremoto.

Hasta aquí la primera parte de la entrevista, mañana más…

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